Feria... feria... feria... ¡y Portugal! La fecha venía de perillas. Bueno... no sé si tan de perillas, porque después de Portugal cuesta más trabajo aún incorporarse al trabajo. En mi caso, he de reconocer que el domingo de feria me retuve un poco en todos los aspectos para rendir más en la excursión y bueno, realmente me alegro de hacer lo que hice porque aun así, en el autobús no podía mantenerme mucho tiempo despierto y a la mínima apoyaba la cabeza en la vibrante ventanilla del autocar para echar un sueñecito.
Había que levantarse muy temprano. Más de lo habitual. Pero había algo que me hizo levantarme con ganas, y era que dentro de unas horas iba a estar en Portugal por... ¿tercera vez? Creo recordar que sí. Pero esta vez era especial, ya se sabe que no es lo mismo una excursión con los compañeros que un viaje en familia. No es ni mejor ni peor. Simplemente, diferente. Pero bueno, tal era mi ilusión por ese viaje que madrugué más de la cuenta y tuve que esperar un poquito en el sofá intentando no dormirme. Llegada al pabellón, revisión del carné de identidad, ¡y en marcha!
Aunque fuera la segunda o tercera vez que iba a Portugal, era la primera que entraría por el sur y no quería dormirme por nada del mundo. Al menos, quería estar despierto al cruzar el puente fronterizo. Tres horas largas hasta llegar a Montegordo, pero todo parecía apuntar a que merecería la pena. Llegando al merendero cercano a la playa, todos sentíamos expectación por saber si los chicos que estaban allí sentados eran o no nuestros compañeros. Bueno... en realidad, la cuestión era buscar a nuestro compañero porque quiénes si no iban a ser aquellos alumnos que miraban el autobús y echaban unas risitas. Rápidamente, divisé a mi compañera Milene. He tenido la suerte de conocerla previamente en Facebook y ya me había hecho una imagen virtual de su cara. No podía ser otra, esa pelirroja era mi compañera.
Bajamos del autobús y nos hicimos una piña mientras mirábamos por encima de nuestro compañero de delante a los portugueses, quienes estaban frente a nosotros formando una piña similar a la nuestra. Humanos... Sin perder un sólo minuto, Miguel leyó su "lista negra" y unió a cada uno de nosotros con su respectivo compañero portugués. "Daniel y José, con Milene" Y allí que fuimos Pepe y yo a saludar a nuestra compañera y acto seguido, a reunirnos con nuestros compañeros. Españoles (que quede claro). Todos sabíamos que Miguel quería que entabláramos conversación con los portugueses lo antes posible, pero somos humanos y por muy sociables que seamos, primero hay que tantear el terreno. Al menos, para mi.
Todos reunidos (viva la madre superiora), tomamos rumbo hacia la playa. Fue una sensación agradable empezar la temporada playera en una playa portuguesa. No todos tienen esa oportunidad. Rápidamente Miguel nos dijo que hiciéramos equipos para echar un partido de fútbol playa contra los portugueses. Yo me pasé al equipo portugués, pero por necesidad... Aunque jugaban bastante bien. Simultáneamente, aunque terminaron antes que nosotros, jugaron un partido las niñas. Creo recordar que las españolas dieron un buen baño a las portuguesas.
Terminado el partido y con el calor y el cansancio acumulado de la feria, nos dimos un buen chapuzón en las frías aguas atlánticas. Después del chapuzón colocamos las toallas y nos juntamos con algunos portugueses para jugar a las cartas. Ese puede calificarse como el primer contacto con los portugueses y fue bastante divertido. Lástima que en ese primer contacto no estuviera Milene, pero bueno, tiempo al tiempo. Sobre la hora de comer nos fuimos al merendero y empezamos a zampar. Algunos de mis compañeros trajeron cosas para compartir. Yo, desgraciadamente, sólo llevé un par de bocatas. Aunque bocatas o no, podían ser fácilmente compartidos... Pasado un rato, y estando en nuestra mesa uno de los portugueses más sociables, escuché de fondo mi nombre, pero pronunciado como una portuguesa. Como miré y no vi nada que llamara mi atención, seguí a lo mío. Poco después, Miguel vino a buscarme diciéndome que reclamaban mi atención en una de las mesas. Sí, era mi compañera Milene. "Daniel, ¿dónde está mi comida?" Fueron las primeras palabras que crucé con ella y me dejó sin palabras... no tenía comida para compartir. Para salir del paso, yo le respondí con la misma pregunta, y ella me enseñó su bocadillo. Nos echamos unas risas y rápidamente capté que era una buena persona, muy divertida y con carácter. Estuve un rato en aquella mesa y estuvimos hablando de algunas cosas: música, comida, instituto... Pasé un buen rato allí, me alegro de que mi compañera me llamara. ¡A jugar! Miguel y yo preparamos la cuerda para jugar a ver quién tenía más fuerza, si los portugueses o los españoles. No sin antes proponernos a Milene y a mí que resolviéramos nuestras antiguas diferencias con la fuerza. La vergüenza nos pudo. La partida de chicos vs. chicos estuvo bastante reñida, ya que estuvimos un buen rato con un tira y afloja sin tener claro quién podía más. Me atrevería a decir que nos ganaron en resistencia, porque en fuerza estábamos igualados. Mejor que ellos al principio, pero el cansancio nos pudo y desistimos antes de destrozarnos las manos con la cuerdecita. Después de nuestra derrota, le tocó jugar a las chicas. Nuestras compañeras dejaron el listón bien alto y ganaron. Después de la cuerda, pasamos a la sesión de fotos grupal. Tropecientas mil cámaras con sus respectivas fotos. Sonrisas falsas al poder. Y acabadas las fotos, Miguel nos dio las instrucciones para jugar a las cartas con nuestros compañeros portugueses. Andrés y yo formábamos la pareja española. Nos fuimos con dos chicas portuguesas, las cuales nos dieron una buena tunda a la brisca. Después de echar un par de partidas a la brisca, les dije a mis compañeras que nos enseñaran algún juego portugués. Y así fue. Nos enseñaron a jugar al "peixito", o como se escriba...
¡A la playa! Y esta vez, parecía que estábamos en Cádiz porque vaya el viento que hacía... Ahora la gente no se animó a bañarse, solo unos pocos chiflados lo hicimos, y la verdad es que dentro del agua se estaba bien. Lo malo es que tarde o temprano había que salirse del agua o nos convertiríamos en auténticas uvas pasas. Esta vez aguantamos menos tiempo en la playa por el tema del viento, así que pronto nos fuimos de nuevo al merendero. Allí ya hablamos un rato con varios alumnos portugueses y, el momento álgido de la conversación fue cuando hablaron en inglés. Sin palabras... qué vergüenza. Parecían auténticos ingleses y nosotros niños de primero de ESO que nos perdíamos en cuanto hablaban un poquito más rápido o incluían vocablos extraños. No sé donde está realmente el problema de nuestra incultura en el tema de los idiomas, pero lo que sí está claro es que hay algo que falla. Ya sea el sistema educativo... ya sea la televisión. No sé, yo optaría por gastar menos dinero en programas de bilingüismo hechos para los centros bilingües y para alumnos sin ganas de aprender idiomas. Sí, sin ganas de aprender, porque cuando algunos compañeros míos han recibido el aviso del destino al que van este verano, lo primero que han hecho ha sido contactar con sus amigos para ver quién les acompaña. ¿Tienen miedo a quedarse sólos? Porque si a mí me dan una beca para el extranjero, lo menos que querría era estar rodeado de españoles durante todo el viaje... La cuestión es, menos programas de bilingüismo discriminatorios y más televisión en V.O. (Versión Original), que haría mucho por nuestra sociedad.
Y volviendo de nuevo al tema de la excursión, llegó el momento de la despedida. Fue un momento tenso, porque nos intercambiábamos miradas recelosas... ¿me acerco y le doy dos besos? ¿Le pido una foto? ¿Le pido su Facebook? ¿Le estrecho la mano? Finalmente, y dejando de lado la vergüenza, me despedí de todos y cada uno de los alumnos portugueses. Dos besos para las chicas y un buen apretón de manos español para los chicos. Mi compañera Milene me pidió un par de fotos con ella y con otra compañera portuguesa, Soraia. Soraia era una de las chicas con la que Andrés y yo jugamos a las cartas.
Hechas las despedidas, nos montamos en el autobús y de nuevo rumbo a Medina, agitando nuestras manos al pasar por el lado de nuestros compañeros portugueses, quienes se quedaron esperando en el merendero a su autobús.
Fue una gran experiencia, donde aprendí muchas cosas y, lo mejor de todo, conocí a esa amiga a la que sólo conocía a través de una pantalla. Felicitar a mi profesor por llevar a cabo esta excursión y pedirle desde aquí una pronta vuelta a Portugal, que se nos quedó corto el tiempo que estuvimos allí.
De izquierda a derecha: Milene, Daniel y Soraia.
¡HASTA PRONTO!
VOU ESCREVER EM PORTUGUES. PORQUE ASSIM ESPRESSO-ME MELHOR.
ResponderEliminarDANIEL. ESTIVE A LER O QUE ESCREVES-TE E DEVO-TE DIZER QUE ATÉ CHOREI NA PARTE EM QUE FALAS DE MIM. OBRIGADA. TAMBEM GOSTEI DE TE CONHEÇER.. OLHA QUANDO QUISERES VIR A PORTUGAL A PORTA DA MINHA CASA ESTARÁ ABERTA PARA TE RECEBER.. BEIJINHOS